Villa Vigoni ¿Un Ejemplo para "El Bosque de Béjar"?
A las orillas del lago de Como, en la vertiente meridional de los Alpes, hay numerosas villas de recreo, construidas como lugares de ocio y descanso estival por nobles o acaudalados burgueses residentes en Milán. Estas villas constituyen una nota distintiva de la intervención humana en un paisaje en el que, desde al lago a las altas cumbres, pasando por las empinadas laderas del valle, todavía se siente el poderío de la naturaleza. Gran número de estas villas fueron construidas en la primera mitad del siglo XIX. Ni que decir tiene que gozan del mayor aprecio de todos, incluidas las autoridades municipales, y que son raras las intervenciones desafortunadas, sin que tampoco pueda hablarse de derribos para dar paso a obras de nueva planta.
Una de estas villas o, mejor dicho, dos, están emplazadas en una propiedad de unas veinte hectáreas que fue donada al gobierno alemán por su acomodado propietario a finales de los años ochenta, incluyendo todo su mobiliario, biblioteca y una destacada colección de obras de arte. Poco después se constituyó una fundación germano italiana, llamada Villa Vigoni, para la realización de actividades formativas de tipo científico y cultural, aportando cada uno de los países una generosa subvención con cargo a sus presupuestos respectivos. Primera pregunta: ¿podrían en España establecer una colaboración similar el gobierno central y uno autonómico, o dos gobiernos autonómicos? Primera reflexión: los gobiernos de dos países son capaces de lanzar y mantener una actividad común.
La propiedad tiene un espléndido parque, mirando hacia el lago de Como que, por una ilusión óptica, parece estar al alcance de la mano, pese a que hay que recorrer más de un kilómetro hasta llegar a su orilla. Magníficos ejemplares vegetales son dueños y señores del territorio donde, además de las dos residencias sólo hay un pequeño templo y un invernadero. Si los edificios pueden considerarse un museo por las piezas que albergan, el espacio abierto es un jardín botánico muy variado y cuidado.
En el complejo se desarrollan a lo largo del año numerosas actividades, que incluyen alrededor de cincuenta congresos y reuniones científicas. Los participantes se alojan en el conjunto, cuyos edificios han modernizado sus instalaciones pero no han modificado su estructura. Esto supone un límite de oferta, ya que allí no pueden alojarse más allá de sesenta personas. Segunda pregunta: ¿No sería más provechoso, puesto que el lugar es tan apreciado, ampliar la capacidad de alojamiento? Segunda reflexión: Tiene más valor conservar lo existente que ampliarlo.
La fundación cuenta con una magnífica organización y desarrolla un apretado calendario de actividades, para las que los gobiernos italiano y alemán aportan en conjunto aproximadamente la cuarta parte de los gastos anuales de funcionamiento. Tercera pregunta: ¿No podrían suprimirse las aportaciones públicas si se realizasen otras actividades económicamente más productivas? Tercera reflexión: un euro de dinero público moviliza otros tres de aportaciones privadas, para beneficio de la cultura y de la investigación científica.
Viajar es conveniente porque, además de poder conocer otras gentes, otros modos de vida y otros paisajes, permite apreciar mejor el valor de lo propio y contrastar nuestras actitudes con las ajenas. En este viaje, realizado por motivos de trabajo, he podido darme cuenta de que mientras a nivel local no dejamos de preguntamos cosas, en el exterior podemos encontrar soluciones a muchos de nuestros interrogantes y, muy a menudo, ejemplos de que la rentabilidad inmediata puede no determinar la mejor de las opciones cuando se trata de la conservación del patrimonio cultural.
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